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No era una final más. Era La Final. Todos lo sabían. El cuerpo técnico, Lionel Messi, los demás jugadores y los hinchas. El sueño era ganar este Mundial. Porque era en Brasil, porque el rival otra vez era Alemania, porque hace 28 años que Argentina no gana un Mundial y porque hace 21 años que no consigue un título importante. El último fue la Copa América en 1993.

Así la jugó Argentina. Como una final. Por eso, todos los jugadores se retiran aplaudidos y reconocidos, no sólo por los argentinos, sino también por los alemanes. Pero las finales se ganan con goles y Argentina otra vez no los hizo. Lleva 315 minutos sin poder gritar. De nuevo hizo casi todo bien de mitad de cancha para atrás, pero sucedió todo lo contrario de la mitad para adelante. Tuvo tres jugadas clarísimas para romperle el arco a Neuer, el mejor arquero del Mundial. Falló las tres. Gonzalo Higuaín lo perdió primero, Messi después y Rodrigo Palacio en el final.

 

El planteo para detener a Alemania se llevó casi a la perfección en lo defensivo. Javier Mascherano y Lucas Biglia cerraron bien los espacios y fueron al piso una y otra vez para recuperar pelotas. Pero el manejo de la bola siempre fue de Alemania. Y eso fue peligroso. Los europeos nunca dejaron de apostar al juego de tenencia y movilidad y finalmente tuvieron su premio.

Argentina hizo transpirar a los alemanes. Sí, transpiraron esos que parecen robots. Fue el partido del Mundial que más sufrieron y les costó 112 minutos abrir el marcador, pero siempre tienen algo guardado y por tercera vez consecutiva eliminaron a Argentina de un Mundial. Esta vez no aparecieron Miroslav Klose, ni Lukas Podolski ni Thomas Muller. El héroe fue Mario Gotze. El segundo jugador más joven del plantel. Es una de las figuras, pero, siempre lo tienen en el banco por si lo necesitan. Entró, la paró de pecho en el área y definió de zurda al palo más lejano de Romero para transformar nuevamente el sueño argentino en pesadilla. Por penales, en tiempo extra o en los 90 minutos. No importa, Alemania siempre terminó contenta.

Ya está. Argentina perdió. Esta selección tuvo entrega, equilibrio defensivo, llegó hasta el último día con la chance de ser campeón, consolidó un estilo y lo dio todo dentro de la cancha. Sin embargo, le faltó gol y no pudo coronarse. En siete partidos convirtió solamente 8 tantos. Alemania convirtió 18 y así se transformó en la selección campeona más goleadora desde que el mundial se juega con este formato (1986).

Argentina debe copiar en varios puntos a los alemanes. El aplauso del final, el proyecto trabajado de años, su convicción y firmeza aún en las dolorosas derrotas. Todo para que este subcampeonato no sea un hecho aislado, ni conformista. Sino, más bien, que sirva para valorarlo, afianzar la idea o el estilo y continuar con el proyecto más allá de los nombres. Los resultados llegan. Los alemanes lo saben.

Audio de Mascherano después de la derrota

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