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¿Cómo juega Argentina?, ¿cuál es la idea dentro de la cancha?, ¿por qué el equipo siempre depende de las individualidades de sus jugadores para ganar los partidos? Ya pasó el cuarto encuentro del Mundial y las preguntas son las mismas que cuando empezó. Las respuestas todavía no son claras. Solamente se puede decir que Argentina juega cada partido con el corazón en la mano. El mismo corazón que ayer simbolizó Ángel Di María en el festejo de su gol agónico en el 1 a 0 a Suiza en tiempo suplementario.

Argentina ya está entre los ocho mejores del Mundial. Solamente por resultados, nunca por el juego. El partido es un sufrimiento los 120 minutos. El conjunto que dirige Alejandro Sabella carece de asociaciones dentro de la cancha y encima el nivel de muchos de sus futbolistas está por el piso. Por ejemplo, el de Federico Fernández, quien pierde en todos los mano a mano con los rivales porque no se siente cómodo cuando tiene que defender lejos del área. Tampoco está bien Fernando Gago que casi que desaparece durante la mayor parte del encuentro. Arriba el problema lo tiene Gonzalo Higuaín, a quien no le llega la pelota con claridad, pero él tampoco se mueve para generar los espacios.

Todo le cuesta demasiado a una Argentina que no puede ganarle a Suiza. Porque es verdad que el arquero Benaglio se revuelca varias veces para despejar los remates de Messi y de Di María, porque es cierto también que Argentina pone garra y corazón para llevar por delante a los europeos y para finalmente quebrar la defensa suiza en tiempo suplementario y así pasar a los Cuartos de Final. Pero el cómo también es importante y hasta ahora del cómo se vio poco y nada.

Todas las selecciones sufren para pasar de ronda. Francia, Alemania, Brasil, Holanda. Sin embargo, todas estas de a ratos plasman algo de juego colectivo en el césped. En cambio, Argentina en muchos momentos es un “salvame Messi”, o un “aparecé Di María”. Es muy poco para una Selección que tiene figuras a nivel internacional. El héroe es Di María por su gol y por la clasificación. Pero al ex Rosario Central le faltó bastante para redondear un buen partido. Erró pases y no terminó bien la mayoría de los ataques.

En el horizonte aparece Bélgica. Será el partido más exigente que ha tenido hasta el momento Argentina. Los dirigidos por Marc Wilmots tienen mediocampistas veloces y pensantes como Witsel, De Bruyne, Mertens y “la estrella” Hazard. Son jóvenes y habilidosos. Si Argentina no ajusta mejor las marcas, pueden hacer un desastre. De todas maneras, sufren bastante en la defensa. Si los dos equipos se animan a atacar va a haber muchas llegadas a los arcos.

Para no jugar con las valijas en las manos, los argentinos no necesitan que Messi meta sólo tres o cuatro pinceladas por partido y nada más, que Di María no defina las jugadas, que Higuaín siga perdido, que Gago desparezca y que Zabaleta y Fernández no paren a nadie. Más bien, necesitan que ellos se enchufen y rindan aunque sea a un 70 u 80 por ciento de sus posibilidades.

 

 

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