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A Paulo Ferrari le queda la última pelota del partido en la puerta del área. La bola pesa y quema porque Rosario Central empata de local con Ferro y arrastra cinco partidos sin conocer la victoria. El centro con zurda del lateral no se dirige a nadie y se va por la línea de fondo. Los hinchas se enfurecen con esa última jugada desperdiciada y con un equipo que no encuentra un funcionamiento adecuado. Ya está, Mauro Vigliano suena su silbato y el 1 a 1 ya no se puede cambiar.

De esta manera recorre Central su camino por la B Nacional. Apurado, con ganas de convertir el segundo gol antes que el primero. La herida de la última temporada todavía no se cicatrizó y pareciera que ni Miguel Russo ni los jugadores tienen la fórmula para hacerlo.

Un caso particular es el de Ferrari. El capitán disputó 8 de los 12 encuentros que Central jugó en el campeonato. Sin embargo, está muy lejos del nivel que supo mostrar en su mejor época en el “Canalla” y en River. No aparece ese lateral por la derecha que llegaba al fondo y mandaba centros con cualquiera de los dos perfiles. Tampoco se ve aquel que metía diagonales interiores y llegaba por sorpresa a definir hasta a veces con la pierna izquierda.

Es cierto que cuando el equipo no funciona es más difícil destacarse, pero en todo el segundo tiempo frente a Ferro, Central nunca abrió la cancha e intentó llegar por los costados. Rafael Delgado, lateral izquierdo, tampoco aprovechó su buena pegada. Sólo tuvo un tiro libre que Jorge Carranza desvió sin mayores problemas al córner. Después nunca fue salida limpia por su costado.

Rosario Central debe intentar jugar más tranquilo, es decir, elaborar mejor la jugada. No dejarse llevar tanto por la presión del hincha que sufre desde hace rato porque el equipo no puede volver a la Primera División. En la mayoría de sus partidos durante la actual temporada el plan parece ser intercambiar ataque por ataque. Así, la pelota va y viene de un área a la otra y lo obliga a ser contundente.

Al pibe Walter Acuña le tocó debutar en este partido. Entró a los 30 minutos del segundo tiempo. Lo mató la ansiedad. Quería hacer todo en una misma jugada. En una la pisó y se cayó. En otra la tiró larga y se le fue por la raya final. Demasiada responsabilidad porque en los minutos finales siempre es muy importante el aporte de los jugadores con experiencia para sacar el juego adelante. Pero si ellos también se equivocan, los centros terminan todos afuera de la cancha.

 

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