El mejor campeón

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El año 2014 siempre va a ser bien recordado por Leandro Atilio Romagnoli y por todos los hinchas de San Lorenzo. Primero porque El Ciclón volvió a jugar la Copa Libertadores luego de cinco años. Después, porque el DT Edgardo Bauza encontró rápido un equipo que logró jugar bien al fútbol y plantarse con autoridad en cualquier cancha. Finalmente, porque San Lorenzo logró ganar la Copa Libertadores por primera vez en su historia y los nombres de los jugadores quedaron escritos para siempre en el corazón de los hinchas.

El capitán e ídolo de este equipo fue Romagnoli. Este número 10 siempre se caracterizó por cuidar la pelota, por poner asistencias de gol y por jugar por abajo. Sin embargo, tranquilamente, se puede decir que el 13 de agosto de 2014 Romagnoli jugó por arriba, voló y tocó el cielo con las manos, o mejor dicho lo tocó con la Copa que le faltaba y que tanto soñó.

En la final ante Nacional de Paraguay, Romagnoli fue reemplazado a pocos minutos de terminar el partido y la gente lo ovacionó como a pocos jugadores. Seguramente no fue la mejor copa para el enganche a nivel individual. Disputó 10 partidos, 6 como titular y 4 entró desde el banco de suplentes. No convirtió gol y metió pocas asistencias. Su mejor versión se vio en el partido de ida de las semifinales frente al Bolívar cuando se hizo cargo de las pelotas paradas y San Lorenzo convirtió tres goles por esa vía. Sin embargo, con este último título se transformó en el máximo ganador en la historia del club con 5 conquistas.

“Este equipo se recordará tanto como a Los Matadores”, dijo el pipi tras el triunfo. Hoy ya no está dentro del plantel. Se encuentra en Brasil para negociar un posible traspaso al Bahía. Pero él quiere volver para retirarse en San Lorenzo y por qué no para intentar darle otro título internacional al club en el Mundial de Clubes en Marruecos.

Podrá haber muchos mejores jugadores que Romagnoli en la historia de San Lorenzo. José Sanfilippo, máximo goleador de la historia del club, Alberto Acosta, Héctor Scotta o Héctor Veira. Sin embargo, ser el único en ganar los 3 títulos internacionales que poseen Los Cuervos hasta el momento da un privilegio particular. (Copa Mercosur 2001, Copa Sudamericana 2002 y Copa Libertadores 2014). Generalmente, en el mundo del fútbol, nunca se olvidan de ese. Leandro Romagnoli puede decir que fue ese, el único.

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Lanús en Japón

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Las imágenes se repitieron en una misma semana. Tres derrotas dolorosas en siete días para Lanús. Afuera de la Copa Argentina, de la Recopa Sudamericana y ahora de la Suruga Bank. Todo lo bueno que el conjunto dirigido por Guillermo Barros Schelotto había construido el año pasado parece que se derrumbó muy rápido.

Lanús perdió 2 a 1 frente a Kashiwa Reysol en Japón. Los jugadores del granate se fueron calientes por la manera en que pierden (un error del árbitro) y porque desaprovecharon una oportunidad valiosa de hacer más historia. A pesar del mal trago, los hinchas privilegiados que pudieron viajar vieron a Lanús jugar en Japón. Algo para no olvidar y que a lo mejor será difícil de repetir.

Los resultados fueron todos negativos, pero Lanús no abandonó su idea ni se olvidó de jugar. La mayoría de los jugadores son los mismos que lograron la Copa Sudamericana. Sólo se fueron los centrales Paolo Goltz y Carlos Izquierdoz. Lanús lo sufrió y perdió presencia en el fondo, pero continuó con el mismo estilo. Tener la pelota más tiempo, dominar al rival, jugar por abajo, rematar de afuera del área, desbordar y meter centros. Todo esto positivo se vio en buenos momentos de los últimos tres partidos. Sin embargo, no le alcanzó y se quedó seco.

La imagen del final con los futbolistas de Lanús a los empujones y a los insultos con los jugadores de Kashiwa y con los árbitros no fue la mejor.

Tampoco fue la que merece un equipo que en los últimos siete años supo construir y llevar a la práctica un proyecto serio entre inferiores y la primera con mucho fútbol y algunos resultados importantes como el campeonato Apertura 2007 y la Copa Sudamericana 2013.
Las derrotas duelen y las eliminaciones de copa también. Sin embargo, ver a Lanús disputar finales internacionales cuando otros equipos argentinos más prestigiosos como Independiente, River, Racing, Vélez y hasta Boca hace rato que no llegan, sin dudas deben valorarlo y sentirse orgullosos.

El resumen de la nota en wordle.com

http://www.wordle.net/show/wrdl/8029543/Lan%C3%BAs_en_Jap%C3%B3n

Oportunidad única

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San Lorenzo nunca jugó una final de Copa Libertadores. Emmanuel Mas tampoco. San Lorenzo nunca había hecho tantos goles en un partido de una semifinal. Emmanuel Mas tampoco. La final quedó a un pasito porque el 5 a 0 ante Bolívar no dejó dudas ni preocupaciones.

“Conseguimos algo importante, pero no podemos confiarnos”, sorprendió el lateral izquierdo luego del triunfo abultado. Así de concentrados terminaron los jugadores. El tipo hizo el mejor partido desde que llegó a San Lorenzo. Acabó de convertir dos goles en el mismo encuentro, algo que nunca había sucedido. Sin embargo, él piensa en el grupo y en el objetivo: “luego del encuentro frente a Botafogo hicimos grandes partidos. La ilusión es grande, pero tenemos que estar tranquilos”.
Los dirigidos por Edgardo Bauza no dejaron respirar al Bolívar desde el primer minuto. Lo atacaron por arriba y por abajo. Tres goles de pelota parada y un golazo de afuera del área de Julio Buffarini, parecido a los que se ven en la altura. Los laterales jugaron en un gran nivel y se hicieron presentes en la red. “Pensar que en San Lorenzo convertí cuatro goles, y tres fueron de cabeza. Son los únicos que convertí de esa manera. Encima, en un año acá ya alcancé la misma cantidad que tenía en San Martín de San Juan en cinco años. Nunca lo hubiera imaginado”, describe Mas.

Tampoco lo hubieran imaginado los hinchas cuervos, allá por marzo, cuando el empate ante Independiente del Valle en Ecuador dejaba a San Lorenzo casi eliminado de la copa. Luego, el equipo no paró de conseguir resultados y eliminó a conjuntos poderosos como Gremio y Cruzeiro.
La altura de La Paz ya no mete miedo porque “el ciclón” ya hizo todo el trabajo. Nunca un equipo fue tan tranquilo a definir una serie en la altura. Sólo debe aguantar el resultado, esperar el final y festejar algo histórico e increíble: jugar la Final de la Copa Libertadores.

Así están Mas y todo San Lorenzo. Sin poder creer lo que viven. Encima, en la final esperan Nacional de Paraguay o Defensor Sporting de Uruguay. Ninguno de los dos ha jugado una final internacional alguna vez. Es la oportunidad histórica para dejar de ser el único grande del Fútbol Argentino sin haber ganado una Copa Libertadores.

La FINAL perdida y el estilo valorado

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No era una final más. Era La Final. Todos lo sabían. El cuerpo técnico, Lionel Messi, los demás jugadores y los hinchas. El sueño era ganar este Mundial. Porque era en Brasil, porque el rival otra vez era Alemania, porque hace 28 años que Argentina no gana un Mundial y porque hace 21 años que no consigue un título importante. El último fue la Copa América en 1993.

Así la jugó Argentina. Como una final. Por eso, todos los jugadores se retiran aplaudidos y reconocidos, no sólo por los argentinos, sino también por los alemanes. Pero las finales se ganan con goles y Argentina otra vez no los hizo. Lleva 315 minutos sin poder gritar. De nuevo hizo casi todo bien de mitad de cancha para atrás, pero sucedió todo lo contrario de la mitad para adelante. Tuvo tres jugadas clarísimas para romperle el arco a Neuer, el mejor arquero del Mundial. Falló las tres. Gonzalo Higuaín lo perdió primero, Messi después y Rodrigo Palacio en el final.

 

El planteo para detener a Alemania se llevó casi a la perfección en lo defensivo. Javier Mascherano y Lucas Biglia cerraron bien los espacios y fueron al piso una y otra vez para recuperar pelotas. Pero el manejo de la bola siempre fue de Alemania. Y eso fue peligroso. Los europeos nunca dejaron de apostar al juego de tenencia y movilidad y finalmente tuvieron su premio.

Argentina hizo transpirar a los alemanes. Sí, transpiraron esos que parecen robots. Fue el partido del Mundial que más sufrieron y les costó 112 minutos abrir el marcador, pero siempre tienen algo guardado y por tercera vez consecutiva eliminaron a Argentina de un Mundial. Esta vez no aparecieron Miroslav Klose, ni Lukas Podolski ni Thomas Muller. El héroe fue Mario Gotze. El segundo jugador más joven del plantel. Es una de las figuras, pero, siempre lo tienen en el banco por si lo necesitan. Entró, la paró de pecho en el área y definió de zurda al palo más lejano de Romero para transformar nuevamente el sueño argentino en pesadilla. Por penales, en tiempo extra o en los 90 minutos. No importa, Alemania siempre terminó contenta.

Ya está. Argentina perdió. Esta selección tuvo entrega, equilibrio defensivo, llegó hasta el último día con la chance de ser campeón, consolidó un estilo y lo dio todo dentro de la cancha. Sin embargo, le faltó gol y no pudo coronarse. En siete partidos convirtió solamente 8 tantos. Alemania convirtió 18 y así se transformó en la selección campeona más goleadora desde que el mundial se juega con este formato (1986).

Argentina debe copiar en varios puntos a los alemanes. El aplauso del final, el proyecto trabajado de años, su convicción y firmeza aún en las dolorosas derrotas. Todo para que este subcampeonato no sea un hecho aislado, ni conformista. Sino, más bien, que sirva para valorarlo, afianzar la idea o el estilo y continuar con el proyecto más allá de los nombres. Los resultados llegan. Los alemanes lo saben.

Audio de Mascherano después de la derrota

La defensa perfecta

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Otra vez Javier Mascherano llora. Igual que en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010. Sin embargo, esta vez las lágrimas son de alegría y no de tristeza. La imagen se queda con Mascherano. Es la figura adentro y afuera de la cancha. No hace un gol, no mete pases gol, ni siquiera remata al arco. Simplemente corre, cubre espacios, se tira al piso en el minuto 88 para tapar lo que era un remate peligroso de Robben y le hace jugar el peor partido del Mundial al holandés. Suficiente para transformarse en el mejor dentro de un partido de ajedrez donde Argentina hace un partido perfecto defensivamente para controlar a Robben, Sneijder, Van Persie y compañía.

Termina el partido con suplementario y todo como no podía ser de otra manera. 0 a 0 y a los penales para definir quien pasa a la final. Ya casi no le quedan energías, pero Mascherano sigue el juego. No se desconecta un segundo y ahora le toca hacer figura al arquero Sergio Romero. ¿Va a patearle penales para entrenarlo? ¿Va a ayudarlo a estirar los músculos? Nada de eso, sólo necesita decirle algo: “mirame, hoy te comés el mundo, hoy te convertís en héroe”. Romero lo lleva a la práctica. Ataja dos penales holandeses y Argentina vuelve a una Final del mundo tras 24 años.

“No le tenemos miedo a Alemania”, avisa Mascherano. Sí, sigue, no se cansa de hablar y de jugar. Se siente cómodo en el equipo argentino. Antes corría solo para todos lados. Ahora lo ayudan Lucas Biglia, Enzo Pérez y hasta Ezequiel Lavezzi. De pronto, Argentina sabe a lo que juega y a Sabella le gusta. El equipo está bien parado y concentrado del medio para atrás para no darle espacios a nadie. Ya borraron a Hazard, a De Bruyne, a Sneijder, a Van Persie y a Robben. Todos talentos a nivel mundial que quedaron reducidos o chiquititos ante la asfixiante marca argentina.

Alemania no tiene a ninguna de esas figuras que pueden ganar solos los partidos. Peor, el conjunto que dirige Joachim Low tiene un equipo. Si Ozil es anulado, aparecen Muller y Klose. Si los dos delanteros están bien marcados, aparecen Schweinsteiger y Toni Kross con su velocidad y pases quirúrgicos. Arriba hacen todo bien, abajo se les complica un poco. Ya se cansaron de llegar al final de los torneos y no poder ganarlos. El último título que lograron es la Eurocopa de Inglaterra 1996. Es La selección de fútbol que mejor juega, pero le falta un título para coronarlo.

 

A Argentina le pasa algo parecido. No sale campeón desde la Copa América de Ecuador 1993. Luego, fracasos, frustraciones y dos finales de Copas Américas perdidas de manera increíble ante Brasil.

El domingo en el Maracaná una de las dos cortará la mala racha en la tercera final en Mundiales entre ambos. Antes 1986 y 1990. Es la primera vez que esto sucede en la historia de los Mundiales. Para que sea Argentina, no sólo la defensa deberá rozar la perfección, sino también el mediocampo y la delantera. Para que sea Alemania, sus jugadores deberán “volar” como lo hacen durante los partidos y demostrar que las defensas perfectas solamente detienen grandes jugadores y no a los grandes equipos.

Último partido entre Alemania y Argentina:

¡Desconecten a Robben!

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Hasta acá el jugador más desequilibrante del Mundial 2014 se llama Arjen Robben. El extremo derecho no para de correr, no le importa los minutos que hay que jugar. Está listo para 90 o 120 como el otro día frente a Costa Rica. Les exige a sus compañeros que se la den. Los rivales sólo lo paran con falta. No se le cae una gota de transpiración. Parece “un robot”, pero no lo es.

“Puede ocurrirle a cualquier hombre en cualquier momento y puede llevar a consecuencias terribles. No hay que rendirse”. Las palabras salen de la boca de Robben en su peor momento. En 2004, cuando era jugador del Chelsea, el holandés reveló que padecía una enfermedad importante: cáncer de testículos. La intervención quirúrgica fue exitosa, pero sus problemas psicológicos se profundizaron. “Tenía mucho miedo. Me aterraba no poder volver a pisar una cancha de fútbol. Estaba sumergido en una profunda depresión”, cuenta años después Robben. Sin embargo, con mucha ayuda y gracias al libro de la autobiografía de Lance Armstrong, quien también logró superar un cáncer, Arjen logra salir adelante. Hoy todo esto es como una fea anécdota para él, pero demuestra su costado más humano, ese que no se ve dentro de la cancha.

El trabajo de Louis Van Gaal y de Patrick Kluivert en Holanda es ejemplar, pero Holanda no sería lo mismo sin Robben. El equipo nuevamente se mete en las semifinales de un Mundial y no quiere que le vuelva a pasar lo de siempre: no ganar el Mundial. La Selección Argentina es el próximo rival y el DT Alejandro Sabella está lleno de dudas: ¿quién va a marcar a Robben?, ¿cómo lo van a marcar?, ¿es mejor que Argentina tenga la pelota o es preferible que la maneje más Holanda?

Las respuestas se verán mañana en el estadio de San Pablo, pero el indicado a impedir que Robben haga lo que hace será Marcos Rojo. Está claro que solo no podrá. Deberá recibir la ayuda de Ezequiel Garay y de Ezequiel Lavezzi. Entre ellos tres deberán impedir que Robben no se asocie con Robin Van Persie o con Wesley Sneijder para crear las jugadas de ataque, intentarán molestarlo lo más posible para que el holandés no enganche y patee al arco y en lo posible no deberán cometerle muchas faltas. La pelota parada holandesa está llena de recursos que pueden ser peligrosos para Argentina. Tanto Robben como Van Persie o Sneijder pueden rematar directamente al arco o buscar una cabeza de algunos de los defensores.

La buena noticia para Argentina es que Nigel DeJong está desgarrado y que el marcador central Ron Vlaar está en duda por un golpe en la rodilla. Allí, los holandeses pierden marca que Lionel Messi y Gonzalo Higuaín pueden aprovechar. Lo bueno también es que Messi todavía no apareció en todo su esplendor y cuando menos se lo espera puede sorprender. Además, los dirigidos por Sabella lograron algo que Holanda todavía no pudo. Aprender a jugar cuando el “as de espadas” no funciona. De todas maneras, Argentina debe estar más concentrada que nunca porque Holanda juega a “oler sangre”. Si te descuidás te lo hacen pagar enseguida. Ya les pasó a España, a Chile y a México.

Argentina sabe que Robben va a estar. Que la va a pedir siempre, que va a correr todo el partido, que no va a dar ninguna bola por perdida, que va a intentar simular algunas faltas, que se va a quejar con algunos compañeros si no se la dan. En resumen, que se va a parecer a “un robot”. Pero también sabe que aunque no lo demuestre mucho es un ser humano. Y todos los seres humanos cometen errores o tienen malos días. Ya lo demostró en la final del Mundial 2010 y en la final de la Champions 2012. Puede fallar. A eso apunta Argentina para detenerlo en su mejor momento y cuando todo lo que hace le sale bien.

El resumen de la nota en Thinglink.

http://www.thinglink.com/scene/543064455110459393

¡¡¡Por fin!!!

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“Fue el mejor partido de Argentina”, destaca Alejandro Sabella ni bien terminan los “malditos” Cuartos de Final. Malditos porque en los anteriores últimos cuatro mundiales, Argentina fue eliminada tres veces en esa instancia. Hoy poco importa que el sorteo haya ayudado y que todavía Argentina no se haya enfrentado a ninguna potencia futbolística. El gol de Gonzalo Higuaín se grita, se festeja y se goza como pocas veces. Por fin aparece “el Pipa”. Por ahora, es el gol más importante de los últimos 24 años. Por fin, las Semifinales son una realidad.

“Si no pasamos los Cuartos, será una frustración”, alertaba Sabella antes del partido. Sabía que era una obligación llegar a las semifinales. Por fin Argentina hizo historia. Es la primera vez, desde que se juega con este formato, que la Selección gana los cinco partidos (si se cuenta el triunfo ante Suiza en el tiempo extra). La particularidad es que todos los ganó por un solo gol de diferencia.

No le falta razón a Sabella en sus declaraciones porque Argentina ajustó las marcas con la inclusión de Lucas Biglia por Fernando Gago. El mediocampista de la Lazio fue la rueda de auxilio de Javier Mascherano y entre ambos cortaron los circuitos ofensivos de Bélgica. Eden Hazard, la estrella belga, ni la tocó. Después, entre Ezequiel Garay y Martín Demichelis borraron al pibe Divock Origi y luego se bancaron todos los centros que iban para el altísimo Marouane Fellaini y para Romelu Lukaku. Así, atacó Bélgica. A meterla en el área. Los mediocampistas nunca pudieron conectarse y armar una jugada importante por el interior de la defensa argentina. Gran mérito de los volantes y defensores argentinos. Por fin, funcionó el trabajo colectivo.

Ahora, lo más preocupante es la lesión de Di María, quien se perderá el resto del Mundial. Algo que también preocupa es el quedo de Argentina en los últimos 20 minutos porque le regaló la pelota a Bélgica y si bien no sufrió algún sofocón importante, eso siempre es peligroso. Más que nada, porque selecciones más poderosas no lo perdonan.

El nuevo rival se llama Holanda. Un viejo conocido. Un equipo que sabe a lo que juega y que basa sus ilusiones en tres futbolistas fundamentales: Wesley Sneijder, Robin Van Persie y la figura Arjen Robben. Holanda sufrió demasiado para eliminar a México primero y luego a Costa Rica. Pero sus jugadores corren todo el partido a mil. No se desesperan si la pelota no quiere entrar en el arco contrario y arman jugadas elaboradas hasta el último instante. Encima, tienen hambre porque nunca ganaron un Mundial y tres veces se quedaron en la puerta. Una vez fue ante Argentina en 1978, por eso el miércoles buscarán la revancha.

Mientras tanto, la Selección Argentina ya pasó diversas pruebas. Las veces que jugó mal, ganó. Se bancó la lesión de Sergio Agüero y la suspensión de Marcos Rojo. También, durante los encuentros anteriores, se sobrepuso al bajo nivel de Federico Fernández y de Gago. En estas instancias ya no existen favoritos, es a todo o nada. Ahora, Argentina deberá sobreponerse a la falta de Di María y deberá buscar la manera de detener a Robben.

 

Todo para que los hinchas puedan volver a gritar el gol más importante de los últimos 24 años y también para que puedan volver a gritar: “Por fin viejo”.

Con las valijas en las manos

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¿Cómo juega Argentina?, ¿cuál es la idea dentro de la cancha?, ¿por qué el equipo siempre depende de las individualidades de sus jugadores para ganar los partidos? Ya pasó el cuarto encuentro del Mundial y las preguntas son las mismas que cuando empezó. Las respuestas todavía no son claras. Solamente se puede decir que Argentina juega cada partido con el corazón en la mano. El mismo corazón que ayer simbolizó Ángel Di María en el festejo de su gol agónico en el 1 a 0 a Suiza en tiempo suplementario.

Argentina ya está entre los ocho mejores del Mundial. Solamente por resultados, nunca por el juego. El partido es un sufrimiento los 120 minutos. El conjunto que dirige Alejandro Sabella carece de asociaciones dentro de la cancha y encima el nivel de muchos de sus futbolistas está por el piso. Por ejemplo, el de Federico Fernández, quien pierde en todos los mano a mano con los rivales porque no se siente cómodo cuando tiene que defender lejos del área. Tampoco está bien Fernando Gago que casi que desaparece durante la mayor parte del encuentro. Arriba el problema lo tiene Gonzalo Higuaín, a quien no le llega la pelota con claridad, pero él tampoco se mueve para generar los espacios.

Todo le cuesta demasiado a una Argentina que no puede ganarle a Suiza. Porque es verdad que el arquero Benaglio se revuelca varias veces para despejar los remates de Messi y de Di María, porque es cierto también que Argentina pone garra y corazón para llevar por delante a los europeos y para finalmente quebrar la defensa suiza en tiempo suplementario y así pasar a los Cuartos de Final. Pero el cómo también es importante y hasta ahora del cómo se vio poco y nada.

Todas las selecciones sufren para pasar de ronda. Francia, Alemania, Brasil, Holanda. Sin embargo, todas estas de a ratos plasman algo de juego colectivo en el césped. En cambio, Argentina en muchos momentos es un “salvame Messi”, o un “aparecé Di María”. Es muy poco para una Selección que tiene figuras a nivel internacional. El héroe es Di María por su gol y por la clasificación. Pero al ex Rosario Central le faltó bastante para redondear un buen partido. Erró pases y no terminó bien la mayoría de los ataques.

En el horizonte aparece Bélgica. Será el partido más exigente que ha tenido hasta el momento Argentina. Los dirigidos por Marc Wilmots tienen mediocampistas veloces y pensantes como Witsel, De Bruyne, Mertens y “la estrella” Hazard. Son jóvenes y habilidosos. Si Argentina no ajusta mejor las marcas, pueden hacer un desastre. De todas maneras, sufren bastante en la defensa. Si los dos equipos se animan a atacar va a haber muchas llegadas a los arcos.

Para no jugar con las valijas en las manos, los argentinos no necesitan que Messi meta sólo tres o cuatro pinceladas por partido y nada más, que Di María no defina las jugadas, que Higuaín siga perdido, que Gago desparezca y que Zabaleta y Fernández no paren a nadie. Más bien, necesitan que ellos se enchufen y rindan aunque sea a un 70 u 80 por ciento de sus posibilidades.

 

 

La suizo-alemana

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“Hay que tener cuidado. Es medio pequeño, fuerte, le pega bien al arco y tiene gol”, analiza Pep Guardiola en su paso por Argentina el último jueves. El español lo conoce bien porque lo dirige en Bayern Munich. Enseguida agrega: “es un jugador de la última media hora. Te genera dinámica”. El hombre en cuestión es el suizo de origen albanés Xherdam Shaqiri.

Por ahora sólo tiene 22 años y los suizos lo comparan con Lionel Messi. Tanto por su forma de jugar, como también por su físico. De hecho, uno de los apodos que tiene es “El Messi”. Razones no les faltan. Ambos miden 1,69, los dos son muy veloces cuando llevan la pelota en su poder y tienen una excelente pegada con remates de afuera del área. Encima, a los 22 años, Messi había ganado 12 títulos entre Barcelona y la Selección Argentina. Shaqiri ya ganó cuatro con Basilea y ocho con Bayern Munich. La suma da 12 también. De todas maneras, la mayor diferencia entre ellos es que el argentino es “el mejor jugador del mundo” y el helvético todavía es una promesa.

Alemania se hace presente de distintas maneras en el plantel suizo. Para empezar, el DT Ottmar Hitzfeld. Dirige la selección suiza desde 2008 y dirigió siete años al Borussia Dortmund y otros siete al Bayern Munich. En esos años, desde 1991 a 2004 consiguió con sus equipos 7 Bundesligas, 3 Copas de Alemania, 1 Supercopa de Alemania, 2 UEFA Champions League y 2 Copas Intercontinentales. Además, como jugador, representó a la selección alemana en 1972.

Para este Mundial, nueve de los 23 jugadores que componen la lista de Suiza juegan en el fútbol alemán. Cinco de ellos son titulares: el arquero Diego Benaglio, el lateral izquierdo Ricardo Rodríguez, el ya nombrado Shaqiri, el joven mediapunta Granit Xhaka y el delantero Josip Drmic. Por estas razones, su juego intenta ser parecido al alemán, pero desde ya, le falta potencia, carácter y calidad para igualarlo. Buen control y manejo de pelota en la mitad de la cancha, apuestan al físico para imponerse y tienen laterales rápidos. Además, el mediocampo lo ocupan Valon Behrami y Gokhan Inler, quienes se conocen de memoria porque juegan desde hace dos años en el Napoli de Italia.

Suiza es una selección de cuidado. Sin embargo, Argentina es favorita. Los europeos saben que no deben regalar espacios en la mitad y en la defensa porque Messi, Di María, y Lavezzi estarán al acecho para aprovechar cualquier oportunidad que se les presente. Si se descuidan, tendrán que ir a buscar la pelota al fondo del arco como ya les pasó en el 3 a 1 contra Argentina de hace dos años o como los 5 goles que les metió Francia durante este Mundial.

Mientras tanto, Suiza se aferra a su estilo alemán y a su “Messi” Shaqiri para intentar dar el golpe. También tiene en cuenta y se relame porque Argentina en los últimos seis mundiales siempre fue eliminada por una selección europea. Por Alemania en tres oportunidades, por Holanda, por Rumania y por Suecia. ¿Podrá sumarse a la lista?…

El resumen de la nota en wordle.net

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La preocupación de Sabella

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El hombre está preocupado. Sigue el partido fuera de la cancha con cara de pocos amigos. Mueve los brazos de acá para allá y no encuentra muchas respuestas favorables. Messi hace un gol, pero su rostro no cambia porque enseguida Nigeria empata. Messi convierte otro, pero otra vez pasa lo mismo. Algo anda mal. Hay muchos goles. Argentina no juega como pretende Alejandro Sabella. Eso le preocupa, lo pone nervioso e incómodo.

Golpe por golpe. Gol por gol. Así juega Argentina, así se siente cómoda la Selección. Así no se siente cómodo Sabella. Si el rival ataca, Argentina la pasa mal. Federico Fernández y Pablo Zabaleta fueron los que más padecieron la velocidad de Emenike y de Musa, los delanteros nigerianos. Aunque Javier Mascherano haya jugado el mejor partido hasta acá en lo que va del Mundial, no le alcanza para detener solo todos los ataques de los contrarios.

“Somos un equipo ofensivo y a veces tenemos problemas atrás. Tenemos que solidificar eso”, analiza Sabella luego del 3 a 2 a los africanos. Es lo mismo que decía luego de los primeros partidos al mando de la Selección. Ya sabe que es difícil cambiarlo. A lo sumo puede poner un volante más de marca como Lucas Biglia para que ayude a Mascherano en la recuperación.

En su cabeza ahora está Suiza. Un equipo que convierte goles, pero también sufre bastante en defensa. Es probable que los suizos le dejen la pelota a Argentina y esperen para contragolpear. Todos sus delanteros juegan para la figura Shaquiri, quien estuvo imparable en el 3 a 0 a Honduras. Seguramente, se cuidarán más que Nigeria, pero no tanto como Irán. De todas maneras, su contragolpe es más peligroso que el de los asiáticos porque a veces se suman con criterio los laterales Lichtsteiner y Rodríguez.

Argentina da algunas ventajas que no deberían ocurrir y menos en unos Octavos de Final. Los delanteros Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín no logran involucrarse dentro del equipo y Fernando Gago juega de a ratos. Aparece unos minutos, luego se va del partido. Son jugadores importantes que deben enchufarse rápidamente antes de que sea tarde. Encima Agüero se lesionó y seguramente no juegue el próximo partido.

Mientras tanto, Sabella sigue y seguirá preocupado de acá hasta donde llegue Argentina. Poco puede hacer para cambiar. Se tiene que adaptar. Lo que sí es seguro es que nunca elegiría mirar a este equipo que juega rápido, a convertir más que el rival, a descuidarse mucho atrás. Su estilo es otro. Más tranquilo, cuidar el cero en el arco propio, poblar la mitad de la cancha. Sólo se relajará un poco más, si Messi, Di María, Lavezzi e Higuaín lo hacen gritar. No para darles indicaciones, sino para festejar ¡goles!  Sí, justamente lo que no le gusta que pase seguido.

Acá va la nota resumida en Thinglink:

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